Cuando hablamos de los niños y el uso de los dispositivos electrónicos es importante establecer que el problema no es el uso, sino el abuso. Igual que con todo en la vida.

Un estudio realizado en Estados Unidos encontró que los niños entre ocho y 10 años, pasan ocho horas del día utilizando los diferentes medios de comunicación que se les ofrecen (televisión, móvil, etc.) y los mayores de 11 años, más de 11 horas al día (Monge, 2014). Esto supone que el televisor y los videojuegos son la principal actividad de niños y adolescentes, ocupándoles más tiempo que ninguna otra actividad, incluido acudir a la escuela o dormir (Rideout, 2010). Además, tener televisor en la habitación aumenta su tiempo de uso y el 71 % de los niños y adolescentes encuestados refirieron tenerla. A esto se añade que el 84 % de los adolescentes tiene acceso a Internet y un tercio de ellos tiene conexión en su dormitorio.

Hay más. En la pasada década también se ha producido un cambio en el tipo de medios empleados (Strasburger et al, 2010 y Lenhart, 2009). Aunque la televisión sigue siendo el medio en el que más tiempo consumen (más de cuatro horas diarias), ahora también se usan otras plataformas para verla, distintas del monitor convencional, como el teléfono inteligente, la computadora, la tableta, etc. Esto contribuye a un cambio de patrón en la visualización del televisor, pasando de uno familiar y social en el que los allegados se reunían, a un nuevo patrón individual, en el que cada uno ve en su computadora, en su smartphone o en su tableta, pero en solitario (Monge, 2014). En términos del uso de computadoras, los adolescentes pasan 1 y 1/2 horas al día delante de ellas, pero más de la mitad del tiempo la utilizan en las redes sociales, para ver películas o chatear. En el 2004, el 47 % de los chicos entre 12 y 17 años tenía teléfono móvil, mientras que apenas un año después, el 75 % lo poseía (Walsh, 2005).

Lo malo… y lo bueno
Este uso de dispositivos genera factores que perjudican física y emocionalmente a los niños. Estar frente a una computadora o un televisor es una manera de pasar el tiempo de manera entretenida, pero sin realizar ejercicio físico, necesario para el desarrollo saludable. También se producen actitudes agresivas y violentas debido a que muchos de los programas de televisión o videojuegos poseen contenido violento que hacen que el niño los imite y los aplique a su realidad (Walsh, 2005). Asimismo, el uso desmedido de la tecnología influye en la falta de atención y de rendimiento cognitivo causado por efectos secundarios de estos dispositivos (Zabaleta, 2012). Por otra parte, los niños que no tienen acceso a tecnologías son excluidos de los entornos sociales donde se desarrollan (Sánchez, 2008 en Carrasco, 2017).

A pesar de los factores negativos asociados a esta tecnología en edades tempranas, algunos dispositivos impulsan el desarrollo y aprendizaje, pues contienen aplicaciones destinadas a la enseñanza, como leer, jugar, contar, y al desarrollo infantil. De esta manera, un niño interactúa con un aparato electrónico al mismo tiempo que aprende y desarrolla una capacidad de utilización natural de un dispositivo digital; es decir, se presenta como una forma muy agradable de enseñanza que sustituye al libro por algo más entretenido (Marés, 2012).

Durante sus primeros años, los niños pequeños aprenden por medio de la imitación. Las tabletas tienen la característica de que, a medida que el niño interactúa, puede imitar ejercicios, lo cual facilita el aprendizaje (Litwin, 1995).

Recomendaciones
Los aparatos electrónicos y el televisor no son apropiados para los niños desde su nacimiento hasta los 24 meses, bajo cualquier circunstancia. El televisor no debe usarse para entretener o educar. Los infantes necesitan interacción humana frecuente para su desarrollo social, emocional e intelectual.
El ambiente de los centros de cuidado de niños debe considerar la política de no televisor para los niños de todas las edades, particularmente si están siendo expuestos a aparatos electrónicos en el hogar.
Para los chicos de más de dos años, los cuidadores y los padres deberían limitarles ver televisión a programas educacionales designados para su edad. En los centros de cuidado, donde hay un televisor presente, deben estar expuestos a él solo por cortos períodos de tiempo.
No dejes niños pequeños solos con el televisor o juegos electrónicos prendidos. Quédate con ellos para vigilar su contenido y sus reacciones.
Responde cualquier pregunta que tengan acerca de lo que están viendo (Walsh, 2005).
Saca el televisor, la computadora y otros dispositivos electrónicos de los dormitorios.
Establece reglas razonables, pero estrictas, sobre el uso de las nuevas tecnologías, con horarios precisos.
Intenta que durante los períodos de reunión familiar, como las comidas, no haya ningún elemento electrónico que las interrumpa. Esto debe incluir a los adultos (Monge, 2014).

La autora es psicóloga.

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