Luego de haber terminado una relación de pareja, es común que nos sintamos temerosos frente a la posibilidad de abrirnos frente a una nueva persona.

Para darnos cuenta si el momento para eso ha llegado, existen algunos indicios que es preciso tomar en cuenta.

“Sí, me gusta, la paso bien a su lado, pero no sé si estoy en condiciones de volver a empezar otra vez algo”. Esta, y otras frases, suelen ser muy escuchadas entre quienes están tratando de encontrar un “nuevo compañero de ruta”, pero temen dar el primer paso. Esto es absolutamente normal, ya que se entrecruzan millones de sentimientos encontrados, como el miedo a reincidir en el “fracaso”, o a salir “lastimados” emocionalmente, una vez más. ¿Cómo saber si ya se está preparado para un nuevo inicio amoroso?

¿Volver a empezar?

Una relación amorosa, no es una ecuación matemática donde todo se puede explicar racionalmente. Aún así, hay reglas que son básicas para que cualquier comienzo pueda transformarse en algo serio.

– Reflexionar “a conciencia”: antes de “lanzarse” ciegamente hacia los brazos de alguien, es preciso que analicemos toda la situación y seamos capaces de saber qué nos motiva a querer compartir nuestra vida con esa persona: ¿Realmente disfrutamos su compañía? ¿O tal vez buscamos “tapar” nuestra soledad? ¿Podemos convivir con todos sus defectos así como con sus virtudes?.

– Sobre el “juego” de las similitudes: una pauta de que lo pasado quedó atrás, es que cuando se conoce a una nueva persona, no estamos permanentemente comparándola con nuestra relación anterior. ¿Por qué? Porque este nuevo ser, es otro comienzo y una experiencia diferente en nuestra vida. Si estamos apelando, en forma constante, a nuestra “memoria amorosa”, el momento de “volver a empezar”, aún no ha llegado.

– Ser profundos: en cualquier ámbito, para que algo funcione, debemos comprometernos a fondo. En el amor, esto es fundamental. Si queremos formar un nuevo vínculo, fuerte y duradero, debemos actuar conforme a ese deseo. Si nos despertamos sobresaltados en el medio de la noche, pensando que el otro viene a “invadir” nuestros espacios, por supuesto que es una sensación válida, pero también el indicio de que no podemos sostener, aún, una pareja.

– Dejar de lado las “dualidades”: antes de elegir cualquier camino, debemos estar cien por ciento seguros. En su libro El poder del amor, el escritor Klaus Joehle afirma que “ cada vez que se toma una decisión, un universo entero se crea en ese momento”. Cuando empezamos a titubear, o mostrar un doble discurso, es una clara señal de que la relación que se formará no será sólida. Por el bien propio, y del otro, es mejor seguir conociéndose sin crear falsas expectativas.

¿Y del otro lado?

No tenemos dudas de que estamos listos para volver a creer en el amor. Hallamos a “la persona”, que nos colma en todos los aspectos, sin embargo, el sentimiento no parece ser recíproco. Hay ciertas actitudes y comportamientos que lo indican.

1) Interés “a medias”: cuando nos hallamos “rogando” para que el otro nos vea, o si empezamos a notar que los horarios y días de las salidas y los encuentros, siempre se hacen según la voluntad ajena (de acuerdo a la disponibilidad y las ganas que tenga), hay una clara demostración de que el interés de esa persona no está centrado en tener una pareja estable…al menos con nosotros.

2) Retaceos de información: no hay que confundirse y pensar que si uno da algo, el otro nos tenga que devolver en la misma proporción. Sin embargo, en los comienzos de una relación, buscamos conocer y que nos conozcan “a fondo”. Cuando se advierten “baches” en la historia personal, o ciertas reticencias a tocar temas centrales, como parejas anteriores, debemos preguntarnos si podemos llegar a construir un vínculo sincero desde la incertidumbre.

3) Huirle a la negatividad: hay que saber distinguir entre quien, realmente, no está en condiciones de tomar las riendas de su vida afectiva, del que considera que amor y sufrimiento van de la mano. Si alguien está dispuesto a formar una pareja, pero nos ofrece un vínculo que no es sano, por más que nos sintamos halagados con su reciprocidad, será mejor dar un paso al costado. Nadie quiere a su lado al personaje de La peste, novela del escritor francés Albert Camus, que cuando su interlocutor le preguntó quién le había enseñado todo lo que sabía, instantáneamente respondió: “ El sufrimiento”.

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