Pocas especias son tan versátiles como la cúrcuma.

Su uso en Asia se remonta a hace miles de años, siendo uno de los ingredientes clave en la elaboración del curry, además de haber sido utilizada tanto como tinte como en forma de elemento fundamental dentro de la medicina tradicional ayurvédica.

La parte de la planta más utilizada es la de sus rizomas, es decir, el tallo que se extiende de manera subterránea antes de que aparezcan las finas raíces. A primera vista ya se deja ver el intenso color entre anaranjado y amarillo que caracteriza a este alimento.

Estos rizomas se pulverizan hasta que se consigue la cúrcuma en polvo, aunque también se puede consumir rallada, aportando más sabor e intensidad del color. En su forma de polvo es el ingrediente que da su color característico al curry, así como parte de su sabor. De hecho, es uno de los grandes sustitutos del azafrán en guisos tradicionales.

Pero se ha utilizado también de manera tradicional como tinte para la lana, dentro de la manufacturación textil. Hoy en día todavía se utiliza para teñir algodón, seda o incluso papel. Su labor como colorante alimentario industrial también es uno de sus principales usos.

Como alimento saludable, lo cierto es que sus propiedades son bien conocidas desde hace siglos. Su uso está bien contemplado en los textos de la medicina ayurvédica, típica de la India, aunque también aparece en otras cercanas, como la China.

La cúrcuma ha sido utilizada como protectora del hígado, gracias a su capacidad como hepatoprotectora y antioxidante. Ahí juega un papel fundamental la curcumina. Se apunta a que puede ayudar a eliminar las piedras de la vesícula biliar y produce un efecto antiinflamatorio. También es muy digestiva, sobre todo a la hora de procesar grasas.

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